
TERAPIA EN PAREJA
Trabajaba para una amiga, y luego de una de nuestras charlas, me sugirió que llamara a Pilar Arcos, su psicoterapeuta de cabecera y con quien había tomado ya un taller de Constelaciones además de sus terapias. –Es buenísima!!, te la recomiendo- me dijo.
Después de hablarlo con Raúl, (luego de que él siempre fue muy escéptico a todo lo que tuviera que ver con trabajar el “SER” y todos esos rollos), y creo que porque esta vez si era evidente una posible separación, me pidió que hiciera cita con la “psicóloga”.
Llamé, y encontré una voy muy serena, dispuesta a escucharme y ayudarme, y al empezar a contarle el motivo de mi llamada, me ganó el llanto en el teléfono. Llamé en un grito de ayuda, sintiéndome ahogada en ese momento en una situación matrimonial que empezaba a rebasarme y en la que ya no veía solución porque Raúl y yo estábamos tan alejados, que no le veía posibilidad de reencontrarnos. Y me atormentaba esta sensación de ya no querer estar, y la de seguir por miedo a irme. Incluso el miedo a reconocer que ya no amaba a mi esposo.
Llegamos y el lugar nos encantó. La música, el ambiente, los panditas de gomita azucarados, un café listo por si queríamos, el olor, la amabilidad de la chica de recepción... todo aunado a un puñado de nervios que traía cargando cada uno y a la cara de mi esposo de: QUE HAGO AQUÍ?
Luego de la primera sesión, se abrió en nosotros un rayo de esperanza. Y lo que más me impresionó, fue lo que se abrió en Raúl: confianza en la terapia, credulidad.
Tomamos 8 de 10 sesiones, porque nos mudamos de Ciudad por razones laborales. Fueron 6 sesiones en pareja y 2 individuales, en las que lloramos, reímos, nos miramos, nos odiamos, etc. etc. Y lo más importante para mí (y ahora que lo escribo lo lloro emocionada), sesiones en las que encontré sentido a “seguir”, (fuera del bienestar para mis hijos, fuera del qué dirán, fuera de complacer o por sumisión), seguir con ganas, seguir por MI..
Dejar la terapia sin que nos hubieran “dado de alta”, nos llenó de miedo, y al principio se nos hizo difícil no tener sesiones. Fue como viajar solitos, sin nuestra capitana, sin nuestra “Sensei”. (Pilar, aunque te quiero mucho, ya aprendí a vivir SIN TI!!!)
Tenemos poco más de año y medio de esa octava y última sesión de terapia de pareja, y AQUÍ ESTAMOS, viviendo juntos, compartiendo, y seguimos trabajando en nosotros, tratando de aplicar lo aprendido. Nos amamos, nos respetamos y día a día nos esforzamos por hacerlo bien (aunque a veces se nos olvida).
No hablo de un final feliz, hablo de un día a día de lucha, de caerse y levantarse, pero sobretodo, de vivir en CONCIENCIA y teniendo claro el objetivo.
Y mi HOY, ha sido gracias a nuestra decisión de darnos una última oportunidad, a nuestra FE, y sin duda, ha sido gracias a ese bendito NAMASTÉ, y al ángel que la vida puso en mi camino llamado PILAR ARCOS, a su profesionalismo, amor a nosotros, amor a su trabajo, a su sabiduría y entrega.
Pilar, te extraño y quiero, y te agradezco con el corazón por mostrarme el camino.
Verónica Alemán.
42 años, 15 años de casada, dos hijos.
![]()




